Sufriendo lo indecible por amor se acostó bañado en el poco whisky que le quedaba. Tuvo frío y se abrigó, cogió el gorro de borla gris con olor a su colonia, la bufanda de rayas del viaje a Oslo arrebatada en uno de sus descuidos y el jersey de la Toscana que un día cayó desde el quinto en el tendedero, pero no entró en calor. Repasó mentalmente, como tantas noches, todos sus encuentros y las mil veces que pudo decir algo y no lo hizo. La luz entró súbitamente y la joven y deseada casera descorriendo las cortinas dijo: me debes enero y febrero.
Eterno niño al que le encanta jugar a imaginar, imaginar que soy como un viejo pirata, como Sir Francis Drake, Capitan Kidd, Edward Teach, Mary Read ó Anne Bonny a quienes me hubiese gustado emular. Por eso me construí un barco, un galeón de fantasías al que bauticé como "L'Illegale". Desde su castillo de proa acostumbro a contarme historias que se me ocurren cuando navego y no sopla el viento. Ahora si quieres, las compartiré contigo.