martes, 3 de diciembre de 2019

Mi hada vive en el quinto

Sufriendo lo indecible por amor se acostó bañado en el poco whisky que le quedaba. Tuvo frío y se abrigó, cogió el gorro de borla gris con olor a su colonia, la bufanda de rayas del viaje a Oslo arrebatada en uno de sus descuidos y el jersey de la Toscana que un día cayó desde el quinto en el tendedero, pero no entró en calor. Repasó mentalmente, como tantas noches, todos sus encuentros y las mil veces que pudo decir algo y no lo hizo. La luz entró súbitamente y la joven y deseada casera descorriendo las cortinas dijo: me debes enero y febrero.