La risa un poco ronca y una barba que siempre pincha cuando la toca otra vez para ver si es de verdad, son los dos primeros pasos que habitualmente repite Pablo antes de mirar a sus ojos vidriosos que como siempre no parecen seguirle cuando, después de meter la moneda en la ranura, espera con ganas a que salga el papelito con su futuro diario escrito en letra dorada.
¿Cuando se la llevarán los de la feria?; es que a parte de que ya le quedan pocos ahorros en la hucha, su mamá aún sigue en el hospital.