Y así, tontamente, acabe
pegándome un tiro, porque es que no aguanto ni un minuto más el peso de esta
Virgen de los Santos Remedios. Veinte Semanas Santas descalza y aquí debajo. Y
mira que al principio estuvo bien, que aprovechabas para rozarme las nalgas con
tu rodilla, y eso me ponía tanto que siempre terminábamos comiendo carne en
vigilia. Pero lo que nunca he entendido es por qué ya no lo haces, por qué te colocas
tres filas más atrás y ya no me haces el amor bajo “el paso”.
Presentado al REC 10/01/2014