Recluida en el pozo seco,
pronto se callará, decía su padre cuando enervado por las mañas que la niña hacía
con la comida, la mandaba sacar al patio. Ella, con el plato lleno en una mano y
un trozo de pan en la otra, se subía sin rechistar al cubo que colgaba de la
cadena y esperaba a que Antonio la bajara. Allí dentro, como todos los días, la
esperaba Hassan, una serie de huesos que conformaban un niño hambriento como el del cuento. El guiño de Laura fue otra vez la señal para empezar a comer.
no presentado al REC semana 5ª. 2014-15
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