Las besa con suma conciencia para
no equivocarse; una perteneció a su abuela y la otra, la otra la encontró al
lado de una iglesia. Duerme todos los días con ellas, no sin antes haberlas
peinado con suavidad cincuenta veces, luego las coloca a su lado para poder
acariciarlas cuando se desvela y cuando está muy ñoño, se las pone delante de
la nariz y las mira a través de las cuencas para que le cuenten lo que
sintieron con el primer golpe, para recordar esos momentos que tanto le excitan
y que obsesivamente busca cada noche.
REC nov 2015
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