Acuérdate de lanzar mis cenizas al mar.
No, no, mejor lánzalas en la Secretaría General. Rápido, a estas horas no habrá
nadie. Antes vete y compra una de esas máquinas sopladoras de hojas para los
jardines, acércate con sigilo y entra por la puerta de atrás, sube al despacho
de Carlos, cierra bien las ventanas, deja abierta la puerta de la biblioteca y
de la Sala de Reuniones, derrámame en la mesa kilométrica de caoba, enciende la
máquina y sopla bien fuerte hasta que mis millones de partículas se hayan posado
en cada uno de los resquicios del sitio en el que decidieron callarme para
siempre.
Rec 18/04/2016