martes, 12 de abril de 2016

Acusación permanente

Acuérdate de lanzar mis cenizas al mar. No, no, mejor lánzalas en la Secretaría General. Rápido, a estas horas no habrá nadie. Antes vete y compra una de esas máquinas sopladoras de hojas para los jardines, acércate con sigilo y entra por la puerta de atrás, sube al despacho de Carlos, cierra bien las ventanas, deja abierta la puerta de la biblioteca y de la Sala de Reuniones, derrámame en la mesa kilométrica de caoba, enciende la máquina y sopla bien fuerte hasta que mis millones de partículas se hayan posado en cada uno de los resquicios del sitio en el que decidieron callarme para siempre.

Rec 18/04/2016

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