Con nuestro mecánico de confianza
revisó las ruedas del carromato. Ya habían recorrido más de mil kilómetros
desde que comenzó nuestro periplo y llevaban días quejándose del mal trato que
Zoltan les daba. Ante el “habría que cambiarlas” de Piötr, él atusó su cabeza
con una dubitativa mueca de contrariedad; no podían esperar mucho tiempo, los
perros de la guerra estaban al acecho y si se demoraban, tendrían problemas
para cruzar la frontera de Croacia. No hay tiempo dijo y subiéndose de nuevo a
la carreta azuzó a los dos caballos.
Eterno niño al que le encanta jugar a imaginar, imaginar que soy como un viejo pirata, como Sir Francis Drake, Capitan Kidd, Edward Teach, Mary Read ó Anne Bonny a quienes me hubiese gustado emular. Por eso me construí un barco, un galeón de fantasías al que bauticé como "L'Illegale". Desde su castillo de proa acostumbro a contarme historias que se me ocurren cuando navego y no sopla el viento. Ahora si quieres, las compartiré contigo.
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