Pasó al grana
cuando atravesó el umbral y la sensación etérea le invadió sin previo aviso. Como
henchida por la incontrolable necesidad de satisfacer a su apremiante partenaire,
había desenvuelto lo que más a mano tenía; el contenido de un sobre de plástico.
En una de sus manos, un lazo rosa del mismo tono que su vaporosa gasa cimbreaba por el aire del ventilador en
aquella calurosa tarde de verano. Había acercado su boca con cuidado mientras casi
bizca, observaba el jarrón. Había soplado hasta la extenuación, hasta que el
globo se confundió con los sonrosados mofletes del niño.
Eterno niño al que le encanta jugar a imaginar, imaginar que soy como un viejo pirata, como Sir Francis Drake, Capitan Kidd, Edward Teach, Mary Read ó Anne Bonny a quienes me hubiese gustado emular. Por eso me construí un barco, un galeón de fantasías al que bauticé como "L'Illegale". Desde su castillo de proa acostumbro a contarme historias que se me ocurren cuando navego y no sopla el viento. Ahora si quieres, las compartiré contigo.
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