Díme
por qué cambia el color del mar, díme si acaso esos cambios son por las
lágrimas que tú derramas y si lo son por las barbaridades que comete el hombre.
Díme por qué hay a quién le puede gustar cubrir el cielo de humo y llamas
tapando su azul con las cenizas de bosques incendiados. Díme por qué aquel lago
azul en el que nos bañábamos de niños dejó de serlo en aras del progreso,
convirtiéndose en un lodazal seco salpicado de barquitas inclinadas. Díme, no
calles, dáme una razón, explica por qué las puertas de Sidi Bou Said perdieron
su color para dejar paso al bermellón, fruto del odio entre los pueblos
empeñados en fraccionarte en mil dioses diferentes. Díme por qué sus ojos, los
de Paula, ahora son blancos y ya no podré verme reflejado mas en ellos tras
haber sido devorado su azul por el ácido arrojado por quien creyó ser su amo.
Díme que no permitirás que ya nadie borre la pizarra en la que pinté en azul
una sonrisa, díme que no dejarás que el negro todo lo cubra.
Eterno niño al que le encanta jugar a imaginar, imaginar que soy como un viejo pirata, como Sir Francis Drake, Capitan Kidd, Edward Teach, Mary Read ó Anne Bonny a quienes me hubiese gustado emular. Por eso me construí un barco, un galeón de fantasías al que bauticé como "L'Illegale". Desde su castillo de proa acostumbro a contarme historias que se me ocurren cuando navego y no sopla el viento. Ahora si quieres, las compartiré contigo.
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