Hasta chocarse contra una pila de maderos que
esperaban a ser utilizados en la chimenea, no se dio cuenta de lo rápido que
había salido de aquella casa. Los calzoncillos en un bolsillo de su pantalón a
medio atar, asomaban como cuando por una urgencia, alguien saca el pañuelo por
la ventanilla de un coche. Lo urgente, lo apremiante había sido antes, cuando
no tuvo tiempo de pensar más que en sus curvas, en su olor y en sus labios, en
aquellos que le susurraban cariño hasta cuando esta vez, la puerta de la calle
se abrió de verdad.
(enviado el 22/09/2012 a REC del programa La Ventana de la SER).
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