jueves, 14 de febrero de 2013

Absentismo


El leve crujir de la viga de la que cuelga su padre me hace pensar si algún día de estos bajará por si solo o esperará como cuando se metió en la lavadora, a que el azar o el destino decida el desenlace.

Como él nos dice: ¡Un científico no puede interferir  en los resultados!

Ya solo le quedan dos dedos en una mano y en el garaje todavía le esperan las seis docenas de cohetes y unas alas de poliespan. Y ya son dos las semanas que llevamos sin clase.


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