Somos dos tíos fuertes, ¿a que sí?, pues
entonces, si lo somos coge el bote de galletas y vamos a ver si podemos con él.
- Ya pero ¿y si el abuelo hace como la otra vez?,
¿como cuando creyó que la Fulgen era el obispo y le clavó el rastrillo en la
sien?.
- No te preocupes, ahora
solo cree ser un perro, tú entretenlo y yo me encargo de colocarle el lazo.
- ¡Vale!, pero si salimos
de esta, prométeme que ya no habrá ni un experimento más de los tuyos.
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