jueves, 20 de junio de 2013

Las cosas en su sitio

Desde entonces papá ya nunca juega con él. Recuerda cómo se quedó cuando lo levantó diciendo aquello de ¡Atrás satanás!. Fue entonces cuando le vino aquella especie de descarga eléctrica que le puso la cara naranja y los pelos en punta. El creyó que había sido por la condición de vampiresa de mamá que con los años se le había contagiado, pero al final fueron los ojos del generalísimo los que desde el cuadro nos indicaron que ese tipo de bromas no le gustaban; por eso reclamaba el crucifijo a su lado.  

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