Allí sigue, en silencio, acumulando polvo,
junto al proyector de cine, el barco pirata y la nave espacial, casi no se le
ve. Es el pequeño ovillo de lana con el que nos mandábamos mensajes mi vecina y
yo; aún no sé cómo nos las ingeniábamos para colgar el sobre con la pinza y que
nos llegara. Recuerdo los mensajes de mis cumpleaños, los de los suyos, los de
sus invitaciones para bajar a jugar a su casa, sus confesiones y las mías y el
de aquel día en que vio a Tony enterrando algo en el patio. Luego vino el de
las tres gotas de sangre y la frase sin terminar. Llaman a la puerta; ¿Será Tony?.
Micro para el REC 19/02/2014
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