Había brotado, en medio del huerto, un
imponente piano de cola y les vino bien. Llovía, el frío era
intenso y su mente comenzó a trabajar a toda prisa. Cubrió los costados con las
sábanas que estaban en el carrito y puso los cartones en el suelo. Se tumbaron
dentro de su nuevo hogar, aún sonaban las bombas, imaginaron que allí donde
llegaban las puntas de sus extremidades era un gran salón con chimenea, que a
su derecha estaba el dormitorio y que detrás, la gran mesa les esperaba para
cenar. Sasa sacó el pan y el arenque seco, se lo ofreció al chucho y
acariciándolo se durmió.
REC de La SER; 12/02/2014
No hay comentarios:
Publicar un comentario