Como un bigote a lo
antiguo, debajo de la nariz se disponían las dos hileras de guisantes que el
niño había ido dejando en el plato.
-
- - - ¿Te los comerás, verdad?, dijo su padre desde el otro lado de la mesa.
- - No, contestó él, no se pueden comer; son las lágrimas del duende.
El padre dudó en volver a preguntar,
sabía cuál era el significado pero no obstante, lo hizo y la respuesta fue la
esperada:
- - ¿No
te acuerdas?; el duende que apareció cuando se fue mamá.
REC ; semana 2 ; 2014
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