lunes, 8 de septiembre de 2014

La mirada indiscreta


Ella no tiene habilidad ninguna para recogerse el pelo, la perdió hace tiempo  es más, nunca la tuvo. Sin embargo ella sabe más que nadie, día a día, detrás de las cuatro paredes de cristal, observa todo lo que acontece en el despacho: los líos del jefe con Asunta la secretaria y las idas y venidas de gentes embutidas en trajes de mil rayas. Hoy, a eso de las doce no dirá nada, volverá a asomar su boca y sus dos ojos por encima del nivel del agua, esperando que le caigan las escamas de comida desde la mano de siempre, la de dedos gordos y sello de oro.
REC sem 1; 2014-15

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