El masajista no tardó en reconocer aquel lunar bajo la nuca. Hacia unos
días que lo había visto entre la muchedumbre vitoreando al dictador, sabía que
era él y por eso dejó caer adrede la tarjeta en su bolsillo y esperó. Su
resuello y sus toscos pasos en la escalera delataban su bien disimulada brutalidad
que ligeramente asomó cuando torpe, desnudo e indefenso se tumbó en la camilla. Tratando de controlar el temblor de sus manos
las deslizó suavemente por aquella espalda robusta impregnada en aceite,
escribió ASESINO en pequeño y sacando con habilidad el punzón del bolsillo, lo
clavó profundamente en aquel punto negro donde él veía a su hermana.
X REC 1ª semana Setiembre 2016
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