miércoles, 15 de febrero de 2017

Guajalotes

En el lugar más recóndito de la isla escondió la moneda con el agujerito, justo donde la tortuga solía dormitar. La tapó con los hierbajos de plástico para que no se viera y se escondió en lo que un día fue la habitación de sus padres. Tragó saliva al reconocer la voz enfurecida de su padrastro; preguntaba por su amuleto de la suerte, objeto que habitualmente colgaba de su cuello cuando tocaba partida. Este jueves no sería igual, la bestia tramposa jugaría sin protección y con un poco de suerte, la bala del “Chabo” atravesaría su garganta cuando bien llenitos de tequila, discutieran otra vez por la guita.
Rec 2016-17; Sem 19

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