Y al otro lado de la ventana, nada de nada. Pensó en
el inalcanzable azul celeste, en las inalterables nubes de algodón que desde su camastro veía todos los días. Ideó
la forma de encaramarse a ella y con la cuchara y muchos sorbos de paciencia, horadó
diez escalones en la gigantesca pared.
Los años le habían minado la fuerza y la mala comida de aquel antro lo habían
convertido en un enclenque. Necesitó más de cien intentos hasta conseguir de un
manotazo, destapar la burda mentira, despegar la cartulina del sueño eterno que
el alcaide había ordenado colocar.
Eterno niño al que le encanta jugar a imaginar, imaginar que soy como un viejo pirata, como Sir Francis Drake, Capitan Kidd, Edward Teach, Mary Read ó Anne Bonny a quienes me hubiese gustado emular. Por eso me construí un barco, un galeón de fantasías al que bauticé como "L'Illegale". Desde su castillo de proa acostumbro a contarme historias que se me ocurren cuando navego y no sopla el viento. Ahora si quieres, las compartiré contigo.
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