Cuando,
como cada tarde, regrese su padre, volverá su corazón a querer
salirse por la boca, el calor por el miedo a verse sorprendido le
enrojecerá la cara y torpemente conseguirá dejar la revista en su
sitio, como si nadie la hubiese tocado. Cuando mañana de nuevo abra
el cajón, uno de los dos ojos verdes de la chica de la portada
seguirá asomando a un lado de la taco de sobres que llevan el
membrete del honorable despacho que su progenitor dirige. Y como esa,
las ha habido a cientos, tantas como sus infidelidades.
Eterno niño al que le encanta jugar a imaginar, imaginar que soy como un viejo pirata, como Sir Francis Drake, Capitan Kidd, Edward Teach, Mary Read ó Anne Bonny a quienes me hubiese gustado emular. Por eso me construí un barco, un galeón de fantasías al que bauticé como "L'Illegale". Desde su castillo de proa acostumbro a contarme historias que se me ocurren cuando navego y no sopla el viento. Ahora si quieres, las compartiré contigo.
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