sábado, 6 de octubre de 2012

Tras la barra


Tenía una gran experiencia, se le notaba por como se movía detrás de la barra y sin duda alguna, era especialmente fantástica preparando los gin-tonics de sus clientes. Con el primero, siempre se esmeraba, era su forma de atraerlos, de ensimismarlos, de engatusarlos con sus finos y ágiles movimientos retorciendo la corteza de limón cerca de sus narices, para que la nube de gotas microscópicas llegara a impregnar las mucosas de sus clientes con ese aroma del que a uno le era imposible escapar a otro garito. Y esta era su estrategia, la tela de araña con la que cada noche tejía su  trampa, su cazamariposas con el que copa tras copa, maduraba a sus presas hasta extraerles la última moneda de sus bolsillos. Y cuando daban con su cabeza en la barra de mármol era cuando más disfrutaba, cuando anotaba mentalmente una muesca más en su larga lista. Los odiaba y lo hacía desde que aquel bruto de cejas pobladas que tenía por padre le obligaba aun siendo una niña,  a servir “soles y sombras” a los otros bestias del palillo en la boca. ¡Zash! Patada al taburete y borracho al suelo, este era el final de cada escena.
(enviado en septiembre de 2012 a "esta noche te cuento").

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