viernes, 19 de octubre de 2012

Su otra vida

De corazón y científicamente trató de explicar aquel fenómeno pero no pudo. Temía que de nuevo le asaltara la música sin previo aviso en cualquier parte y no quería volver a escucharla nunca más en su vida. Porque ya lo había hecho en la panadería cuando creyó ver a través de la pared a Dios dándole órdenes desde la calle, porque creyó ser la reencarnación al cuadrado del Quijote cuando lo detuvieron en la Sierra de Cantabria mientras agredía a los molinos de viento con una vara de avellano. Siempre sonaba, como un anticipo del cataclismo.
(presentado a REC de la SER 14/10/2012)


jueves, 11 de octubre de 2012

Comparecencia


Con esa exactitud tan característica de la ciencia, a las tres y dos minutos dieron las tres. Apresurada salida en los medios para desmentir lo que en apariencia era evidente; había estallado el escándalo. Carraspeos insistentes para soltar la flema agarrada a una cuerda vocal, golpecitos con las cuartillas en la mesa para conseguir su alineación perfecta y la timidez de la primera frase en el micrófono dando los buenos días. Atrás quedaban años de servicio a la empresa, horas y horas limpiando las oficinas de quiénes ahora le acusaban. Pero no, él no había robado el lápiz del Director.
(enviado el 29/09/2012 a REC del programa La Ventana de la SER).

sábado, 6 de octubre de 2012

Tras la barra


Tenía una gran experiencia, se le notaba por como se movía detrás de la barra y sin duda alguna, era especialmente fantástica preparando los gin-tonics de sus clientes. Con el primero, siempre se esmeraba, era su forma de atraerlos, de ensimismarlos, de engatusarlos con sus finos y ágiles movimientos retorciendo la corteza de limón cerca de sus narices, para que la nube de gotas microscópicas llegara a impregnar las mucosas de sus clientes con ese aroma del que a uno le era imposible escapar a otro garito. Y esta era su estrategia, la tela de araña con la que cada noche tejía su  trampa, su cazamariposas con el que copa tras copa, maduraba a sus presas hasta extraerles la última moneda de sus bolsillos. Y cuando daban con su cabeza en la barra de mármol era cuando más disfrutaba, cuando anotaba mentalmente una muesca más en su larga lista. Los odiaba y lo hacía desde que aquel bruto de cejas pobladas que tenía por padre le obligaba aun siendo una niña,  a servir “soles y sombras” a los otros bestias del palillo en la boca. ¡Zash! Patada al taburete y borracho al suelo, este era el final de cada escena.
(enviado en septiembre de 2012 a "esta noche te cuento").