sábado, 26 de enero de 2013

El barquito que se fue


Había una vez un barco, un barquito de vela que reposaba todos los inviernos en las tranquilas aguas de un pantano sin nombre. En una ocasión en la que el verano fue muy seco y caluroso, el barquito llegó a tocar con su panza el lodo del fondo y se prometió que nunca más  volvería a hacerlo porque se manchó y porque los bichos se le subían sin dejar de corretear por su cubierta. Para  ello decidió que cada vez que soplara el aire, el haría sonar sus obenques con más fuerza para atraer a la lluvia y a la nieve y evitar así la sequía de su lecho.  

Así fueron pasando los inviernos, uno tras otro, y en todos ello el barquito seguía su mismo ritual, aunque no de manera continua porque cuando se daba cuenta de que el nivel del agua amenazaba, con rebasar la presa, él paraba su vaivén yla lluvia o la nieve se alejaban. 


Un mes de enero de no se que año, el barquito se durmió. No sé si fueron los muchos años que tenía su casco o la propia rutina  a la que con rigor se había sometido, pero lo cierto es que se le olvidó detener el tintineo de sus obenques y la lluvia y la nieve, atraídos por el mágico sonido, no abandonaron el pantano durante 30 días y 30 noches. El caso es que viendo el riesgo que corría la presa de romperse, las autoridades decidieron abrir las compuertas y por ellas comenzó a caer cantidades ingentes de agua.  


El desembalse fue espectacular, tan grande como el propio sueño en el que se había sumido nuestro barquito. Él, como seguía dormido, no se había percatado de  la profundidad que había adquirido el pantano y de que su ancla ya no llegaba al fondo. Poco a poco, sin dejar de balancearse a uno y otro lado se fue acercando al borde de la presa hasta que una noche de luna escasa y muchas nubes, el barquito cayó por la cascada y desapareció.

Vigilad los campos y los ríos y si lo encontráis, no chilléis, acercaros a él y susurrarle al oído para que no se asuste. Aún seguirá dormido.

jueves, 24 de enero de 2013

Por los pelos

Mientras suelto las pastillas en las hierbas altas, me cercioro de que no queda ya ninguna en el bote antes de lanzarlo con toda mi fuerza al otra lado de río. Solo una debajo de mi lengua, solo la que en unos segundos, me convertirá en algo no mas grande que una hormiga.
Oigo pisadas, los perros ladran, ya están ahí, y esto no hace efecto.
- ¡Dios!, me van a pillar.
- ¡Jefe!, ¡aquí hay huellas!. Parece como si hubiese estado tumbado.
- ¡Caspitas!, El muy bribón se ha escapado con la fórmula.

jueves, 17 de enero de 2013

Control de impulsos


A ver si consigue así que papá no haga más el indio porque ya está bien con sus historias. Primero quiso ser músico y lleno la casa de instrumentos, luego granjero y nos la llenó de caballos, conejos vacas y gallinas. Más tarde, cuando ya habíamos conseguido limpiar el salón, le dio por lo de los barcos hasta que lo tuvieron que rescatar en alta mar, luego nos aburrió con lo de ser piloto de avionetas, luego pintó mil cuadros que aún cuelgan en las paredes y ahora dice que escribe. ¡Por favor mamá, hazle de una vez el amor!.

jueves, 10 de enero de 2013

Penurias

Hoy mamá va a probar con la pistola vieja del abuelo porque ya no tenemos ni martillo. Dice que el mango es duro y que servirá. Ya le puso con ella los clavos a aquella caja grande.
¡Y después de lo que me costó robar el coco ayer!; lo hice como me enseñó mi padre cuando se fue, con sigilo y rapidez. Lo difícil fue esconderlo debajo de mi jersey; es que me está pequeño.
¡A ver si lo logra!, porque nos estamos muriendo de hambre.

jueves, 3 de enero de 2013

¡Es magia!.


¿Qué hace ahí fuera Lucas arañando la ventana?, ¿Acaso no sabe que estamos dentro y que hay una puerta con manilla y todo?.
¡Calla! Que ni te estás dando cuenta, que lo que araña es la piscina de cristal en la que se ha vuelto a introducir con la camisa de fuerza.