Mientras suelto las pastillas en las hierbas altas, me cercioro de que no queda ya ninguna en el bote antes de lanzarlo con toda mi fuerza al otra lado de río. Solo una debajo de mi lengua, solo la que en unos segundos, me convertirá en algo no mas grande que una hormiga.
Oigo pisadas, los perros ladran, ya están ahí, y esto no hace efecto.
- ¡Dios!, me van a pillar.
- ¡Jefe!, ¡aquí hay huellas!. Parece como si hubiese estado tumbado.
- ¡Caspitas!, El muy bribón se ha escapado con la fórmula.
Oigo pisadas, los perros ladran, ya están ahí, y esto no hace efecto.
- ¡Dios!, me van a pillar.
- ¡Jefe!, ¡aquí hay huellas!. Parece como si hubiese estado tumbado.
- ¡Caspitas!, El muy bribón se ha escapado con la fórmula.
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