viernes, 31 de mayo de 2013

En un abrir y cerrar de ojos

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Encerrado entre cuatro paredes, una vez más pestañeó pero como siempre, aquella bata le daba la espalda, daba igual, fuera la de quién fuere, era una bata ciega. Se habían perdido las voces, los sonidos y su única conexión con el medio eran sus ojos verdes, sí, los que aún mantenían su viveza escondida. Su ritmo cardiaco se aceleró, la chica de los labios rojos se había vuelto, parecía que su gran cabeza esta vez había entendido el significado del movimiento secuencial de las pestañas. Hoy se lo podré contar, por fin se lo contaré todo pensó. ¡Doctor, doctor!.
(presentado al III Consurso de Micros del Museo de la palabra el 12 oct 2012)

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