Tanto visitante inesperado me incomodó, pensé que quizás había llegado mi
hora. Tres sombras de mujer lloraban al pie de la cama, un tío raro con sotana
negra hacia muecas con los labios mientras me acercaba la luna a la boca. Fue
entonces cuando empecé a simularla, agité mi brazo y mi pierna con toda la fuerza que pude, la
luna salió volando y mi ojo derecho comenzó a girar a toda velocidad acompañado
de una colección de babas de mis mejores cosechas. Y cuando ya me creían muerto
y amanecía su regocijo, abrí mi ojo de nuevo; otra vez será.
presentado al REC 1º marzo 2014
No hay comentarios:
Publicar un comentario