Nuestros mismos ojos
ni los veo, ni tampoco esos de buey que debe de haber en esa pared fría y
húmeda.
- ¿Qué mas te da?, si
en esta oscuridad no se ve nada, si lo único que me llegan son sus quejidos,
sus aromas a destierro y el inconfundible hedor a miedo. Es lo de siempre, ¡aquí
no hay nada!.
- ¡Anda!, métete otra
vez por el agujero y vayamos a la cocina, que a ese torpe del gordito siempre
se le cae un trozo de queso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario