Luego cruzó el pasillo, bajó al sótano y mató al prisionero pasándole por el cuello el nudo corredizo que había hecho con el cordón del zapato. Con sus dos dedos simuló que caminaba volviendo sobre sus pasos, esta vez arrastrando al vaquero de plástico hasta el patio del fuerte de madera con el que jugaba para después colgar al infortunado en el cadalso que había construido con pinzas de colgar la ropa. Era lo convenido con su madre, tenía que terminar el trabajo antes de cenar. Cuando volvía a la cocina miró de nuevo en la biblioteca, allí seguía su padre, en la misma postura que el vaquero.
Eterno niño al que le encanta jugar a imaginar, imaginar que soy como un viejo pirata, como Sir Francis Drake, Capitan Kidd, Edward Teach, Mary Read ó Anne Bonny a quienes me hubiese gustado emular. Por eso me construí un barco, un galeón de fantasías al que bauticé como "L'Illegale". Desde su castillo de proa acostumbro a contarme historias que se me ocurren cuando navego y no sopla el viento. Ahora si quieres, las compartiré contigo.
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