Pintando aquellos extraños bisontes sabía que siempre le saldrían con tres patas. La cuarta la solía hacer con una astilla o con la ramita que el abuelo acostumbraba a llevar en la boca pegándola en el hueco que quedaba en la piel extendida. Luego, con sumo cuidado para que su andar no le hiciera tropezar, salía de la tienda y entraba en la contigua en donde cientos y cientos de bisontes esperaban como siempre a que Luma colocara su última obra, se tumbara y comenzara a invocar a los Dioses para provocar la estampida que terminara de una vez con aquellos que les disparaban.
Eterno niño al que le encanta jugar a imaginar, imaginar que soy como un viejo pirata, como Sir Francis Drake, Capitan Kidd, Edward Teach, Mary Read ó Anne Bonny a quienes me hubiese gustado emular. Por eso me construí un barco, un galeón de fantasías al que bauticé como "L'Illegale". Desde su castillo de proa acostumbro a contarme historias que se me ocurren cuando navego y no sopla el viento. Ahora si quieres, las compartiré contigo.
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