miércoles, 11 de marzo de 2015

Esperando el milagro

Pintando aquellos extraños bisontes sabía que siempre le saldrían con tres patas. La cuarta la solía hacer con una astilla o con la ramita que el abuelo acostumbraba a llevar en la boca pegándola  en el hueco que quedaba en la piel extendida. Luego, con sumo cuidado para que su andar no le hiciera tropezar, salía de la tienda y entraba en la contigua en donde cientos y cientos de bisontes esperaban como siempre a que Luma colocara su última obra, se tumbara y comenzara a invocar a los Dioses para provocar la estampida que terminara de una vez con aquellos que les disparaban. 

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