Era de los pocos detectives honrados que quedaban en la ciudad; además experto en narcotráfico, pero su condición de persona extremadamente alérgica hacía que casi nunca pudiera cerrar un caso. Si no eran los picores era la urticaria y si no, las múltiples salvas de estornudos que como en aquella ocasión en la que no las pudo controlar, la cocaína voló por toda la habitación y bailaron y bailaron hasta caer exhaustos.
REC feb 2016
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