Cada vez que le hablaba del último sobre rechazado se pellizcaba con
rabia la pierna por debajo de la mesa por ese nuevo fracaso. Dos hormigas en
cada sobre por mil sobres igual a dos mil hormigas encima de la mesa de su despacho.
Esta vez no bajó la cabeza, miró fijamente al hombre que habitualmente le traía
y llevaba las cartas y le preguntó: ¿Por qué me las devuelve?; porque sabe que eres
tú. En cuanto abrió la primera reconoció en los dos insectos a la bella y callada
trabajadora de la que hace bien poco estuvo enamorado.
Rec feb 2016
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