De un certero bocado le arrebató el pincel y ese
simple gesto desató en él toda su imaginación en tan solo un segundo. Aquellos días
felices de amor, risas y pasión y sus ropas arremolinadas en el suelo en un
perfecto desorden a cualquier hora del día, hicieron que bajara de la escalera
casi de un salto; sin duda alguna había vuelto la señal. Mientras rápidamente
se desabrochaba el peto azul lleno de motas blancas no se percató de que el
pincel ya no estaba en su boca, ahora era la prolongación de su brazo y
señalaba la puerta de la calle:
- ¡Baja
la basura, por favor!. REC; semana 10; 2016-17