No era el mar pero se le parecía porque cuando yo apoyaba la nariz en
el cristal con la más perversa de mis
sonrisas, los peces comenzaban a dar vueltas como si fueran un gran banco de
boquerones, las algas de plástico se cimbreaban y el pequeño baúl del tesoro
que yacía en el fondo se abría y cerraba enseñando tímidamente el anillo de zafiros
que aún seguía buscando el energúmeno que vivía con mi madre y que por aquellos
días ya casi nos había desvalijado la casa.
REC; 2016-17; seman 9 (no presentado)
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