lunes, 21 de noviembre de 2016

¡¡A qué no lo encuentras!!

No era el mar pero se le parecía porque cuando yo apoyaba la nariz en el cristal con la más  perversa de mis sonrisas, los peces comenzaban a dar vueltas como si fueran un gran banco de boquerones, las algas de plástico se cimbreaban y el pequeño baúl del tesoro que yacía en el fondo se abría y cerraba enseñando tímidamente el anillo de zafiros que aún seguía buscando el energúmeno que vivía con mi madre y que por aquellos días ya casi nos había desvalijado la casa.
REC; 2016-17; seman 9 (no presentado)

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