El otro, hombre o mujer, siempre muerto de miedo, alargaba su mano y bajo la atenta mirada de mi madre, la colocaba con los dedos encogidos para recibir los tres consabidos reglazos por no saberse los afluentes del Tajo. Luego tocaba escribir con la pluma mojándola en el tintero sin derramar una gota y era yo quién a escondidas y jugándome el pescuezo, limpiaba los errores de aquellos pobres ancianos haciendo como que les enseñaba alguna palabra. Ella lo sabía y acercándose sigilosamente me daba un coscorrón diciendo:
-¡Recuerda querida!, de esto vivimos, esta es mi Escuela Vintage y ya sabes, la letra con sangre entra.
REC semana 12; 2016-17
No hay comentarios:
Publicar un comentario