Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel, aproximo mi dedo pulgar y lo froto para tratar de borrarlos. Mira que le dije al viejo y desmemoriado Kirkhan que se la aprendiera, que no dejara ni una pista, que si nos pillan la caja fuerte en el último de los carromatos, nos la saquearán. Sigo frotando su muñeca hasta que le hago daño.
- ¡Y que mas da!, me rechista.
- ¿No ves que terminarán por encontrarnos?,
- ¿No te das cuenta de que nuestro sino son lo números tatuados, los vagones, las verjas y los barracones apestados?.
No hay comentarios:
Publicar un comentario