Igual que lo hacen las ballenas de su faja, apretándole de tal manera que incluso dejan su huella en la piel de su maltrecha espalda, Marishia prepara la carne picada apelmazándola en pequeñas bolas que va dejando en la mesa de madera cubierta de harina. Cuántos aplausos suenan en su cabeza mientras dirige la mirada al grueso pelotón que silenciosamente espera su turno para entrar en la cazuela. Parecen las cabezas de su público, de ese que bajo su trapecio le ha acompañado durante años y que ahora, a pesar de sus dolores, añora como nunca en este viaje.
Eterno niño al que le encanta jugar a imaginar, imaginar que soy como un viejo pirata, como Sir Francis Drake, Capitan Kidd, Edward Teach, Mary Read ó Anne Bonny a quienes me hubiese gustado emular. Por eso me construí un barco, un galeón de fantasías al que bauticé como "L'Illegale". Desde su castillo de proa acostumbro a contarme historias que se me ocurren cuando navego y no sopla el viento. Ahora si quieres, las compartiré contigo.
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