viernes, 31 de mayo de 2013

En un abrir y cerrar de ojos

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Encerrado entre cuatro paredes, una vez más pestañeó pero como siempre, aquella bata le daba la espalda, daba igual, fuera la de quién fuere, era una bata ciega. Se habían perdido las voces, los sonidos y su única conexión con el medio eran sus ojos verdes, sí, los que aún mantenían su viveza escondida. Su ritmo cardiaco se aceleró, la chica de los labios rojos se había vuelto, parecía que su gran cabeza esta vez había entendido el significado del movimiento secuencial de las pestañas. Hoy se lo podré contar, por fin se lo contaré todo pensó. ¡Doctor, doctor!.
(presentado al III Consurso de Micros del Museo de la palabra el 12 oct 2012)

jueves, 30 de mayo de 2013

La caída de los dioses


Ordenaron colocarle una venda en los ojos para cerciorarse que seguiría sin ver mas allá de sus narices. Les venía bien un tipo así, un narciso que obedeciese tan solo por necesitar de manera constante su significación ante los medios. Ahora ya, sin poder ver el gesto de sus ojos, era todavía fácilmente reconocible por su discurso mesiánico y por como movía un labio superior ya carente de aquel bigote adolfiano que durante muchos años creímos que ocultaba una malformación, razón de su mala baba. La orden se dio con un gesto, las palabras cesaron y la cabeza por fín rodó; ¡Adios Pepe!.

jueves, 23 de mayo de 2013

La estatua de primero


El Tribunal apreció cierta rigidez en su mirada y no lo era, tan solo sus ojos se habían quedado clavados en la cara angelical de la catedrática. Era lo mismo que le sucedía en clase desde el principio de curso. Y llegó la segunda pregunta y lo que se le paralizaron fueron todos los músculos de la cara y el cuello, no pudo responder, ni a esta ni a las siguientes; se había quedado petrificado de amor.

viernes, 17 de mayo de 2013

La última partida


El cabo Hopkins repartía las cartas con la izquierda, la misma con la que las marcaba. Era un procedimiento sencillo pero infalible; solo él conocía los códigos indetectables a simple vista, por eso es por lo que siempre jugaba con aquellas gafas tan extrañas. Sus compañeros de partidas le creyeron un tonto pero a medida que el dinero se acumulaba en la misma parte de las mesas, aumentaba su suspicacia acerca de la fortuna del manco. Su suerte cambió cuando por casualidad la mujer del capitán tropezó y cayendo sobre la mesita del salón, aplastó las gafas rosas. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Crisis de enemigos


Esa noche la tropa cenó compota de almas errantes. Al soldado Ruiz le costó lo suyo conseguir un detector como los que utlizaban “los cazadores de fantasmas” pero finalmente se construyó uno con la caja cilíndrica de unas ”pringles”, el rayador de queso y el aparato de radio del sargento. Algunas de ellas, cuando el agua comenzó a hervir, intentaron huir pero el cocinero con destreza consiguió reducirlas con la tapa.

Y es que llevaban tiempo sin pegar un tiro, sin un triste enemigo al que cargarse y nadie les había dicho que la guerra había terminado. Lo importante era alimentar su espíritu.