miércoles, 8 de mayo de 2013

Crisis de enemigos


Esa noche la tropa cenó compota de almas errantes. Al soldado Ruiz le costó lo suyo conseguir un detector como los que utlizaban “los cazadores de fantasmas” pero finalmente se construyó uno con la caja cilíndrica de unas ”pringles”, el rayador de queso y el aparato de radio del sargento. Algunas de ellas, cuando el agua comenzó a hervir, intentaron huir pero el cocinero con destreza consiguió reducirlas con la tapa.

Y es que llevaban tiempo sin pegar un tiro, sin un triste enemigo al que cargarse y nadie les había dicho que la guerra había terminado. Lo importante era alimentar su espíritu. 

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