viernes, 17 de mayo de 2013

La última partida


El cabo Hopkins repartía las cartas con la izquierda, la misma con la que las marcaba. Era un procedimiento sencillo pero infalible; solo él conocía los códigos indetectables a simple vista, por eso es por lo que siempre jugaba con aquellas gafas tan extrañas. Sus compañeros de partidas le creyeron un tonto pero a medida que el dinero se acumulaba en la misma parte de las mesas, aumentaba su suspicacia acerca de la fortuna del manco. Su suerte cambió cuando por casualidad la mujer del capitán tropezó y cayendo sobre la mesita del salón, aplastó las gafas rosas. 

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