El cabo Hopkins repartía las cartas con la
izquierda, la misma con la que las marcaba. Era un procedimiento sencillo pero
infalible; solo él conocía los códigos indetectables a simple vista, por eso es
por lo que siempre jugaba con aquellas gafas tan extrañas. Sus compañeros de partidas
le creyeron un tonto pero a medida que el dinero se acumulaba en la misma parte
de las mesas, aumentaba su suspicacia acerca de la fortuna del manco. Su suerte cambió
cuando por casualidad la mujer del capitán tropezó y cayendo sobre la mesita
del salón, aplastó las gafas rosas.
Eterno niño al que le encanta jugar a imaginar, imaginar que soy como un viejo pirata, como Sir Francis Drake, Capitan Kidd, Edward Teach, Mary Read ó Anne Bonny a quienes me hubiese gustado emular. Por eso me construí un barco, un galeón de fantasías al que bauticé como "L'Illegale". Desde su castillo de proa acostumbro a contarme historias que se me ocurren cuando navego y no sopla el viento. Ahora si quieres, las compartiré contigo.
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