Tardes de playa, el sol aprieta con menos fuerza, las bellezas ya se han ido o retozan detrás nuestro con sus respectivas parejas. Las horas pasan y aunque cada vez me duelen mas los huesos de estar tumbado encima de mi pareo morado, aún me sigo negando a que una hamaca recoja mi edad el resto de mis días.
Apoyado en mi codo izquierdo miro al horizonte y se me ocurre una idea tan tonta como la de aquel niño al querer vaciar el mar con una concha .
¡Sì!, ¿Por qué no?.¿Porqué no ponerle puertas al mar?..........






No hay comentarios:
Publicar un comentario