Y nunca le recordaba lo que no se debía contar porque sabía que no lo
diría. Ahora bien, si a modo de una vieja moviola fuera capaz de proyectar cada
una de las escenas que en él se reflejaron, veríamos las dudas de los primeros
besos, la torpeza de sus manos queriéndose desvestir, la pasión desaforada de
los siguientes encuentros, el cariño y la ternura transformados por la rutina en
meros movimientos automáticos hasta transformarse en las dos frías momias que
ayer fueron. Hoy tampoco hablará de la rapidez con que hizo sus maletas, solo
hablará de una mujer sentada sobre la soleada cama.
No presentado al REC del 12 Nov por fuera plazo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario