miércoles, 9 de abril de 2014

Impotencia

Le deseé que tuviera un buen turno, le di un beso y me volví a la grada. No tardó en empezar a hablar, lo hizo de forma pausada, nunca le había visto tan tranquilo. Sus palabras fueron cogiendo forma y tras unas primeras frases de introducción, se convirtieron en lo que nunca habría esperado; en la declaración pública y sincera de su incompetencia, de su incapacidad para cumplir su responsabilidad y sobre todo para hacerme ya feliz. La dimisión era un hecho, dejó sus papeles en el atril y subiendo las escaleras cogió mi mano y juntos abandonamos el hemiciclo.

Presentado al REC (9/4/2014)

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