El puñetero ojo de la cerradura volvió a hacerle un guiño, el viejo
pomo se giró un cuarto de vuelta y la puerta se entreabrió invitándole a pasar.
Dudó, conocía perfectamente la estancia y sus consecuencias, sabía que detrás
de él la puerta se cerraría, que la luz se apagaría y que otra vez la lluvia de
golpes terminaría derribándole pero aquel olor era irresistible. Se asomó de
nuevo la espina de pescado y sus patas lo introdujeron en la sala, el agua
hervía en el puchero; los niños comenzaron a gritar como energúmenos y la luz
se apagó, esta vez para siempre.
Rec 4ª semana 2015-16
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