jueves, 24 de septiembre de 2015

El hambre mata

El puñetero ojo de la cerradura volvió a hacerle un guiño, el viejo pomo se giró un cuarto de vuelta y la puerta se entreabrió invitándole a pasar. Dudó, conocía perfectamente la estancia y sus consecuencias, sabía que detrás de él la puerta se cerraría, que la luz se apagaría y que otra vez la lluvia de golpes terminaría derribándole pero aquel olor era irresistible. Se asomó de nuevo la espina de pescado y sus patas lo introdujeron en la sala, el agua hervía en el puchero; los niños comenzaron a gritar como energúmenos y la luz se apagó, esta vez para siempre. 

Rec 4ª semana 2015-16

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