El Tribunal apreció cierta rigidez en su mirada y no lo era, tan
solo sus ojos se habían quedado clavados en la cara angelical de la
catedrática. Era lo mismo que le sucedía en clase desde el principio de curso.
Y llegó la segunda pregunta y lo que se le paralizaron fueron todos los
músculos de la cara y el cuello, no pudo responder, ni a esta ni a las
siguientes; se había quedado petrificado de amor.
Eterno niño al que le encanta jugar a imaginar, imaginar que soy como un viejo pirata, como Sir Francis Drake, Capitan Kidd, Edward Teach, Mary Read ó Anne Bonny a quienes me hubiese gustado emular. Por eso me construí un barco, un galeón de fantasías al que bauticé como "L'Illegale". Desde su castillo de proa acostumbro a contarme historias que se me ocurren cuando navego y no sopla el viento. Ahora si quieres, las compartiré contigo.
jueves, 23 de mayo de 2013
viernes, 17 de mayo de 2013
La última partida
El cabo Hopkins repartía las cartas con la
izquierda, la misma con la que las marcaba. Era un procedimiento sencillo pero
infalible; solo él conocía los códigos indetectables a simple vista, por eso es
por lo que siempre jugaba con aquellas gafas tan extrañas. Sus compañeros de partidas
le creyeron un tonto pero a medida que el dinero se acumulaba en la misma parte
de las mesas, aumentaba su suspicacia acerca de la fortuna del manco. Su suerte cambió
cuando por casualidad la mujer del capitán tropezó y cayendo sobre la mesita
del salón, aplastó las gafas rosas.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Crisis de enemigos
Esa noche la tropa cenó
compota de almas errantes. Al soldado Ruiz le costó lo suyo conseguir un
detector como los que utlizaban “los cazadores de fantasmas” pero finalmente se
construyó uno con la caja cilíndrica de unas ”pringles”, el rayador de queso y
el aparato de radio del sargento. Algunas de ellas, cuando el agua comenzó a
hervir, intentaron huir pero el cocinero con destreza consiguió reducirlas con
la tapa.
Y es que llevaban
tiempo sin pegar un tiro, sin un triste enemigo al que cargarse y nadie les
había dicho que la guerra había terminado. Lo importante era alimentar su espíritu.
jueves, 25 de abril de 2013
Mal escaso
Disfrazado de
vendedora de manzanas se apostó detrás de las cajas, abrió su libreta y la dejó
cerca para anotar uno a uno los pecados que iba a capturar ese día.
Dice el obispo que ya
nadie se confiesa, que el registro es escaso y que desde Roma le están
azuzando.
- ¡Buenos día padre!,
le saludó una feligresa al verle asomar la sotana por debajo
del faldón de cuadros.
jueves, 18 de abril de 2013
Un viaje idílico
Calla y arregla de una vez la cisterna del
váter, que gotea, que luego a Mery le cuesta un triunfo recoger una a una las
gotas que flotan en el aire.
- Ya te dije yo que aunque necesitáramos nuevas
experiencias en esta nuestra relación, no era bueno embarcarnos en esta
aventura espacial.
- Ya, pero menos lógico es el habernos fiado de
tu amigo Fonsi al habernos conseguido esta ganga de nave en la que estamos como
pijos en costura y ni siquiera tengo un espejo.
- ¡No te preocupes cariño! que todo
se solucionará en la luna.
jueves, 11 de abril de 2013
Relaciones políticas
- Y tú
para de leerme la mente, maleducado, que si, que ya lo
sabes, que fui yo quien le sedujo.
- Y ahora te escandalizas porque un
viejo como yo atesore el cuaderno de baile más suculento de este país.
- No, no te diré una sola palabra de lo que callo porque los que me
quisieron con locura confiaban en mí, incluso tu padre a quién hace unos años
le hice presidente.
- ¡Y ahora dispara!, hazlo de una vez, niega tu tendencia con
otra bala.
jueves, 4 de abril de 2013
La máxima de Don Máximo
Que se arrime un poco más al borde de
la cama, que la paja en el centro se apelmaza y luego hay que airear el colchón
para cuando llegue un nuevo enfermo.
¡No
se preocupe Señor Director!, Paco pesa poco, Hemos seguido sus recomendaciones al
pie de la letra y ya ha adelgazado 10 kilos desde que está aquí.
Bien,
bien, eso es,…¿Veis?, no hay como la austeridad bien entendida, eso de las necesidades
del ser humano no es más que una falacia;
¡Cuánto
menos, menos!; y es que ….a todo se acostumbra uno en esta muerte.
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