viernes, 20 de abril de 2012

AVARICIA


En un pueblo que se llamaba Visavis nació Bank, un niño prodigio. Desde muy pequeño contaba los billetes con una mano con la misma facilidad con la que mas adelante, barajaría las cartas de desahucio. A lo largo de su desarrollo no se dedicó a otra cosa que a diseñar productos para sangrar el dinero y las posesiones a los ciudadanos, inventó las tarjetas de crédito, esas que cobraba a escondidas si no te enterabas. Un día, cuando ya era gordo y sus manos como salchichas, apareció Honestus quién con una aguja pinchó su barriga; fue entonces cuando la vida volvió.

jueves, 5 de abril de 2012

Contratiempos


Con nuestro mecánico de confianza revisó las ruedas del carromato. Ya habían recorrido más de mil kilómetros desde que comenzó nuestro periplo y llevaban días quejándose del mal trato que Zoltan les daba. Ante el “habría que cambiarlas” de Piötr, él atusó su cabeza con una dubitativa mueca de contrariedad; no podían esperar mucho tiempo, los perros de la guerra estaban al acecho y si se demoraban, tendrían problemas para cruzar la frontera de Croacia. No hay tiempo dijo y subiéndose de nuevo a la carreta azuzó a los dos caballos.

viernes, 23 de marzo de 2012

Se busca

Aquella tarde, papá, regresó a la tumba entristecido. Llevaba años sin visitar a la abuela  en Lenti, tantos como su peregrinaje con el circo de Kirkhan.  Había bebido de lo lindo y es que cuando las cosas iban mal, volaba el “palinka” en casa. No sé si le dio tiempo a rezar en su idioma balbuceante,  pero lo que si hizo fue sacar del bolsillo el trozo de tela del delantal de cuadros que ella solía llevar. Tocó las dos gotas de sangre seca que aún permanecían en él y dijo: ¡Lo encontraré madre, juro que te vengaré!.   

viernes, 16 de marzo de 2012

Camina o revienta

Y además nos hace daño ya tanto bache en el culo, dijo la pequeña apoyando la idea de su madre de parar para descansar. Sin embargo, Zoltan, seguía con la obsesión de correr, de salir cuanto antes de aquellos caminos para adentrarse en los frondosos y seguros bosques de pinos donde sería mas fácil esconderse; donde el oso, la llama y el viejo dromedario pudieran salir de la jaula para dejar de olerse unos a otros y poder hacer un marca en un árbol, escupir con ganas o mordisquear unos cuantos tallos de sabrosa hierba. ¡Qué bonito cuento papá!

sábado, 3 de marzo de 2012

Una truncada carrera


Igual que lo hacen las ballenas de su faja, apretándole de tal manera que incluso dejan su huella en la piel de su maltrecha espalda, Marishia prepara la carne picada apelmazándola en pequeñas bolas que va dejando en la mesa de madera cubierta de harina. Cuántos aplausos suenan en su cabeza mientras dirige la mirada al grueso pelotón que silenciosamente espera su turno para entrar en la cazuela. Parecen las cabezas de su público, de ese que bajo su trapecio le ha acompañado durante años y que ahora, a pesar de sus dolores, añora como nunca en este viaje. 

viernes, 2 de marzo de 2012

Mala memoria

Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel, aproximo mi dedo pulgar y lo froto para tratar de borrarlos. Mira que le dije al viejo y desmemoriado Kirkhan que se la aprendiera, que no dejara ni una pista, que si nos pillan la caja fuerte en el último de los carromatos, nos la saquearán. Sigo frotando su muñeca hasta que le hago daño.

  • ¡Y que mas da!, me rechista.
  • ¿No ves que terminarán por encontrarnos?,
  • ¿No te das cuenta de que nuestro sino son lo números tatuados, los vagones, las verjas y los barracones apestados?.


sábado, 11 de febrero de 2012

EXODO

Se dibuja una sonrisa mellada en el rostro de Zoltan y cogiendo su cigarrillo, lo apaga en la escalera de madera de aquel destartalado carromato. Desciende las escalinatas y se acerca al fuego donde Linka, alegre y ajena como siempre a los peligros que les acechan, hace bailar al oso al ritmo de su pequeña acordeón. En el horizonte de un menguado atardecer, los fogonazos de los cañones de quienes ya de cerca los acosan, iluminan el cielo de una Hungría que mañana abandonarán y en las lágrimas que brotan de sus ojos, se refleja la carpa ya plegada.