sábado, 6 de julio de 2013

Daría

Encontró su afición tarde, hasta entonces se había dedicado a ser la esposa que le habían enseñado a ser. Un día, desconozco cuál fue el detonante porque no me lo contó, sintió algo por dentro que le impulsó a empezar a pintar. Su marido la apoyó en todo momento, no la contravino, no la discutió aunque en ocasiones pudiera resultarle extraña la capacidad productiva de Daría. 

Fueron más de 100 cuadros y otras tantas composiciones las que realizó en sus últimos 10 años. Su final fue una lucha entre la plena consciencia de la severidad de su enfermedad, sus consecuencias y la tristeza por no poder alimentar ese impulso que aún incluso con las pocas fuerzas que le quedaban, seguía hirviendo en el interior de su cabeza incitándola a nuevos proyectos.

Gracias Daría por tu regalo.

A Daría Serrano y Mariano Moraza; dos seres humanos.

jueves, 27 de junio de 2013

Efectos secundarios

Somos dos tíos fuertes, ¿a que sí?, pues entonces, si lo somos coge el bote de galletas y vamos a ver si podemos con él. 
Ya pero ¿y si el abuelo hace como la otra vez?, ¿como cuando creyó que la Fulgen era el obispo y le clavó el rastrillo en la sien?.  
- No te preocupes, ahora solo cree ser un perro, tú entretenlo y yo me encargo de colocarle el lazo.
¡Vale!, pero si salimos de esta, prométeme que ya no habrá ni un experimento más de los tuyos.

jueves, 20 de junio de 2013

Las cosas en su sitio

Desde entonces papá ya nunca juega con él. Recuerda cómo se quedó cuando lo levantó diciendo aquello de ¡Atrás satanás!. Fue entonces cuando le vino aquella especie de descarga eléctrica que le puso la cara naranja y los pelos en punta. El creyó que había sido por la condición de vampiresa de mamá que con los años se le había contagiado, pero al final fueron los ojos del generalísimo los que desde el cuadro nos indicaron que ese tipo de bromas no le gustaban; por eso reclamaba el crucifijo a su lado.  

viernes, 31 de mayo de 2013

En un abrir y cerrar de ojos

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Encerrado entre cuatro paredes, una vez más pestañeó pero como siempre, aquella bata le daba la espalda, daba igual, fuera la de quién fuere, era una bata ciega. Se habían perdido las voces, los sonidos y su única conexión con el medio eran sus ojos verdes, sí, los que aún mantenían su viveza escondida. Su ritmo cardiaco se aceleró, la chica de los labios rojos se había vuelto, parecía que su gran cabeza esta vez había entendido el significado del movimiento secuencial de las pestañas. Hoy se lo podré contar, por fin se lo contaré todo pensó. ¡Doctor, doctor!.
(presentado al III Consurso de Micros del Museo de la palabra el 12 oct 2012)

jueves, 30 de mayo de 2013

La caída de los dioses


Ordenaron colocarle una venda en los ojos para cerciorarse que seguiría sin ver mas allá de sus narices. Les venía bien un tipo así, un narciso que obedeciese tan solo por necesitar de manera constante su significación ante los medios. Ahora ya, sin poder ver el gesto de sus ojos, era todavía fácilmente reconocible por su discurso mesiánico y por como movía un labio superior ya carente de aquel bigote adolfiano que durante muchos años creímos que ocultaba una malformación, razón de su mala baba. La orden se dio con un gesto, las palabras cesaron y la cabeza por fín rodó; ¡Adios Pepe!.

jueves, 23 de mayo de 2013

La estatua de primero


El Tribunal apreció cierta rigidez en su mirada y no lo era, tan solo sus ojos se habían quedado clavados en la cara angelical de la catedrática. Era lo mismo que le sucedía en clase desde el principio de curso. Y llegó la segunda pregunta y lo que se le paralizaron fueron todos los músculos de la cara y el cuello, no pudo responder, ni a esta ni a las siguientes; se había quedado petrificado de amor.

viernes, 17 de mayo de 2013

La última partida


El cabo Hopkins repartía las cartas con la izquierda, la misma con la que las marcaba. Era un procedimiento sencillo pero infalible; solo él conocía los códigos indetectables a simple vista, por eso es por lo que siempre jugaba con aquellas gafas tan extrañas. Sus compañeros de partidas le creyeron un tonto pero a medida que el dinero se acumulaba en la misma parte de las mesas, aumentaba su suspicacia acerca de la fortuna del manco. Su suerte cambió cuando por casualidad la mujer del capitán tropezó y cayendo sobre la mesita del salón, aplastó las gafas rosas.