Terminó de pelar
la manzana que tenía de postre, la partió como acostumbraba; en cuatro
porciones idénticas. En el trozo más lejano del plato, grabó una “G” con el mango del tenedor, en el
mas cercano puso una “C”, en el de su izquierda una “B” y en el de la derecha
una “M”. Ese era su enigma, como con tan
solo un mes de experiencia poder conseguir entregar la suplicación en plazo, argumentar
de forma coherente como a su cliente “C”, movido por el “G”, la “B” y los “M”, no le había quedado
otro remedio que ir a esa huelga declarada ilegal y conseguir que el sindicato
le concediese el reintegro de los gastos que le estaba suponiendo todo esto que
para él era un trajín. Tras engullir la “G”, la “B” y la “M”, pidió la cuenta;
en el plato quedó la “C” tambaleándose.
Eterno niño al que le encanta jugar a imaginar, imaginar que soy como un viejo pirata, como Sir Francis Drake, Capitan Kidd, Edward Teach, Mary Read ó Anne Bonny a quienes me hubiese gustado emular. Por eso me construí un barco, un galeón de fantasías al que bauticé como "L'Illegale". Desde su castillo de proa acostumbro a contarme historias que se me ocurren cuando navego y no sopla el viento. Ahora si quieres, las compartiré contigo.
jueves, 15 de noviembre de 2012
viernes, 9 de noviembre de 2012
¡A la cola!
Eterno aspirante
¡A la cola como todo el mundo!, que a los demás también nos ha costado. No pienses que en este grupo de elegidos entra cualquiera. Habrás de saber que a la incomprensible divergencia solo se llega mediante hábiles técnicas de marketing, caros peajes y muchas horas de redes sociales. No quiso leer más de aquellos elitistas argumentos que a su vez se adornaban con palabras vacías y pomposas. Sabía que contara lo que contara nunca pasaría del primer corte, pero no se resignaba, apagó el ordenador y dejó el móvil encendido todo el día; era miércoles otra vez.
Y grita libertad
¡A la cola como todo el mundo!, dijo el líder de la secta seguido de cien pares de ojos reprobadores. El osado y novato hambriento estranguló con su mano las tripas que le gruñían y las contuvo. Caminó lentamente con las orejas gachas hasta la puerta de la “Casa Grande” y allí se giró, miró al lugar que le señalaba con el dedo el amado dominador de naranja pero optó por romper la imanada fuerza y acogerse a la claridad que la libertad le ofrecía. Las amenazas salieron tras él, pero nunca se quedaría para morder la pastilla de cianuro.
(Micros presentados al concurso REC de la SER para el 8 de noviembre de 2012)
viernes, 19 de octubre de 2012
Su otra vida
De corazón y
científicamente trató de explicar aquel fenómeno pero no pudo.
Temía que de nuevo le asaltara la música sin previo aviso en
cualquier parte y no quería volver a escucharla nunca más en su
vida. Porque ya lo había hecho en la panadería cuando creyó ver a
través de la pared a Dios dándole órdenes desde la calle, porque
creyó ser la reencarnación al cuadrado del Quijote cuando lo
detuvieron en la Sierra de Cantabria mientras agredía a los molinos
de viento con una vara de avellano. Siempre sonaba, como un anticipo
del cataclismo.
(presentado a REC de la SER 14/10/2012)
jueves, 11 de octubre de 2012
Comparecencia
Con esa exactitud tan característica de la ciencia, a
las tres y dos minutos dieron las tres. Apresurada salida en los medios para
desmentir lo que en apariencia era evidente; había estallado el escándalo.
Carraspeos insistentes para soltar la flema agarrada a una cuerda vocal,
golpecitos con las cuartillas en la mesa para conseguir su alineación perfecta
y la timidez de la primera frase en el micrófono dando los buenos días. Atrás
quedaban años de servicio a la empresa, horas y horas limpiando las oficinas de
quiénes ahora le acusaban. Pero no, él no había robado el lápiz del Director.
(enviado el 29/09/2012 a REC del programa La Ventana de la SER).sábado, 6 de octubre de 2012
Tras la barra
Tenía
una gran experiencia, se le notaba por como se movía detrás de la barra y sin
duda alguna, era especialmente fantástica preparando los gin-tonics de sus
clientes. Con el primero, siempre se esmeraba, era su forma de atraerlos, de ensimismarlos,
de engatusarlos con sus finos y ágiles movimientos retorciendo la corteza de
limón cerca de sus narices, para que la nube de gotas microscópicas llegara a
impregnar las mucosas de sus clientes con ese aroma del que a uno le era imposible
escapar a otro garito. Y esta era su estrategia, la tela de araña con la que
cada noche tejía su trampa, su
cazamariposas con el que copa tras copa, maduraba a sus presas hasta extraerles
la última moneda de sus bolsillos. Y cuando daban con su cabeza en la barra de
mármol era cuando más disfrutaba, cuando anotaba mentalmente una muesca más en
su larga lista. Los odiaba y lo hacía desde que aquel bruto de cejas pobladas que
tenía por padre le obligaba aun siendo una niña, a servir “soles y sombras” a los otros
bestias del palillo en la boca. ¡Zash! Patada al taburete y borracho al suelo,
este era el final de cada escena.
(enviado en septiembre de 2012 a "esta noche te cuento").
(enviado en septiembre de 2012 a "esta noche te cuento").
jueves, 27 de septiembre de 2012
El último pichi
Hasta chocarse contra una pila de maderos que
esperaban a ser utilizados en la chimenea, no se dio cuenta de lo rápido que
había salido de aquella casa. Los calzoncillos en un bolsillo de su pantalón a
medio atar, asomaban como cuando por una urgencia, alguien saca el pañuelo por
la ventanilla de un coche. Lo urgente, lo apremiante había sido antes, cuando
no tuvo tiempo de pensar más que en sus curvas, en su olor y en sus labios, en
aquellos que le susurraban cariño hasta cuando esta vez, la puerta de la calle
se abrió de verdad.
(enviado el 22/09/2012 a REC del programa La Ventana de la SER).
viernes, 7 de septiembre de 2012
Se me acabó el Azul
Díme
por qué cambia el color del mar, díme si acaso esos cambios son por las
lágrimas que tú derramas y si lo son por las barbaridades que comete el hombre.
Díme por qué hay a quién le puede gustar cubrir el cielo de humo y llamas
tapando su azul con las cenizas de bosques incendiados. Díme por qué aquel lago
azul en el que nos bañábamos de niños dejó de serlo en aras del progreso,
convirtiéndose en un lodazal seco salpicado de barquitas inclinadas. Díme, no
calles, dáme una razón, explica por qué las puertas de Sidi Bou Said perdieron
su color para dejar paso al bermellón, fruto del odio entre los pueblos
empeñados en fraccionarte en mil dioses diferentes. Díme por qué sus ojos, los
de Paula, ahora son blancos y ya no podré verme reflejado mas en ellos tras
haber sido devorado su azul por el ácido arrojado por quien creyó ser su amo.
Díme que no permitirás que ya nadie borre la pizarra en la que pinté en azul
una sonrisa, díme que no dejarás que el negro todo lo cubra.
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