jueves, 15 de noviembre de 2012

Trajín de novato


Terminó de pelar la manzana que tenía de postre, la partió como acostumbraba; en cuatro porciones idénticas. En el trozo más lejano del plato,  grabó una “G” con el mango del tenedor, en el mas cercano puso una “C”, en el de su izquierda una “B” y en el de la derecha una “M”. Ese era su enigma, como  con tan solo un mes de experiencia poder conseguir entregar la suplicación en plazo, argumentar de forma coherente como a su cliente “C”, movido por  el “G”, la “B” y los “M”, no le había quedado otro remedio que ir a esa huelga declarada ilegal y conseguir que el sindicato le concediese el reintegro de los gastos que le estaba suponiendo todo esto que para él era un trajín. Tras engullir la “G”, la “B” y la “M”, pidió la cuenta; en el plato quedó la “C” tambaleándose. 

viernes, 9 de noviembre de 2012

¡A la cola!

Eterno aspirante
¡A la cola como todo el mundo!, que a los demás también nos ha costado. No pienses que en este grupo de elegidos entra cualquiera. Habrás de saber que a la incomprensible divergencia solo se llega mediante hábiles técnicas de marketing, caros peajes y muchas horas de redes sociales. No quiso leer más de aquellos elitistas argumentos que a su vez se adornaban con palabras vacías y pomposas. Sabía que contara lo que contara nunca pasaría del primer corte, pero no se resignaba,  apagó el ordenador y dejó el móvil encendido todo el día; era miércoles otra vez.

Y grita libertad
¡A la cola como todo el mundo!, dijo el líder de la secta seguido de cien pares de ojos reprobadores. El osado y novato hambriento estranguló con su mano las tripas que le gruñían y las contuvo. Caminó lentamente con las orejas gachas hasta la puerta de la “Casa Grande” y allí se giró, miró al lugar que le señalaba con el dedo el amado dominador de naranja pero optó por romper la imanada fuerza y acogerse a la claridad que la libertad le ofrecía. Las amenazas salieron tras él, pero nunca se quedaría para morder la pastilla de cianuro.
(Micros presentados al concurso REC de la SER para el 8 de noviembre de 2012)

viernes, 19 de octubre de 2012

Su otra vida

De corazón y científicamente trató de explicar aquel fenómeno pero no pudo. Temía que de nuevo le asaltara la música sin previo aviso en cualquier parte y no quería volver a escucharla nunca más en su vida. Porque ya lo había hecho en la panadería cuando creyó ver a través de la pared a Dios dándole órdenes desde la calle, porque creyó ser la reencarnación al cuadrado del Quijote cuando lo detuvieron en la Sierra de Cantabria mientras agredía a los molinos de viento con una vara de avellano. Siempre sonaba, como un anticipo del cataclismo.
(presentado a REC de la SER 14/10/2012)


jueves, 11 de octubre de 2012

Comparecencia


Con esa exactitud tan característica de la ciencia, a las tres y dos minutos dieron las tres. Apresurada salida en los medios para desmentir lo que en apariencia era evidente; había estallado el escándalo. Carraspeos insistentes para soltar la flema agarrada a una cuerda vocal, golpecitos con las cuartillas en la mesa para conseguir su alineación perfecta y la timidez de la primera frase en el micrófono dando los buenos días. Atrás quedaban años de servicio a la empresa, horas y horas limpiando las oficinas de quiénes ahora le acusaban. Pero no, él no había robado el lápiz del Director.
(enviado el 29/09/2012 a REC del programa La Ventana de la SER).

sábado, 6 de octubre de 2012

Tras la barra


Tenía una gran experiencia, se le notaba por como se movía detrás de la barra y sin duda alguna, era especialmente fantástica preparando los gin-tonics de sus clientes. Con el primero, siempre se esmeraba, era su forma de atraerlos, de ensimismarlos, de engatusarlos con sus finos y ágiles movimientos retorciendo la corteza de limón cerca de sus narices, para que la nube de gotas microscópicas llegara a impregnar las mucosas de sus clientes con ese aroma del que a uno le era imposible escapar a otro garito. Y esta era su estrategia, la tela de araña con la que cada noche tejía su  trampa, su cazamariposas con el que copa tras copa, maduraba a sus presas hasta extraerles la última moneda de sus bolsillos. Y cuando daban con su cabeza en la barra de mármol era cuando más disfrutaba, cuando anotaba mentalmente una muesca más en su larga lista. Los odiaba y lo hacía desde que aquel bruto de cejas pobladas que tenía por padre le obligaba aun siendo una niña,  a servir “soles y sombras” a los otros bestias del palillo en la boca. ¡Zash! Patada al taburete y borracho al suelo, este era el final de cada escena.
(enviado en septiembre de 2012 a "esta noche te cuento").

jueves, 27 de septiembre de 2012

El último pichi


Hasta chocarse contra una pila de maderos que esperaban a ser utilizados en la chimenea, no se dio cuenta de lo rápido que había salido de aquella casa. Los calzoncillos en un bolsillo de su pantalón a medio atar, asomaban como cuando por una urgencia, alguien saca el pañuelo por la ventanilla de un coche. Lo urgente, lo apremiante había sido antes, cuando no tuvo tiempo de pensar más que en sus curvas, en su olor y en sus labios, en aquellos que le susurraban cariño hasta cuando esta vez, la puerta de la calle se abrió de verdad. 
(enviado el 22/09/2012 a REC del programa La Ventana de la SER).

viernes, 7 de septiembre de 2012

Se me acabó el Azul


Díme por qué cambia el color del mar, díme si acaso esos cambios  son por las lágrimas que tú derramas y si lo son por las barbaridades que comete el hombre. Díme por qué hay a quién le puede gustar cubrir el cielo de humo y llamas tapando su azul con las cenizas de bosques incendiados. Díme por qué aquel lago azul en el que nos bañábamos de niños dejó de serlo en aras del progreso, convirtiéndose en un lodazal seco salpicado de barquitas inclinadas. Díme, no calles, dáme una razón, explica por qué las puertas de Sidi Bou Said perdieron su color para dejar paso al bermellón, fruto del odio entre los pueblos empeñados en fraccionarte en mil dioses diferentes. Díme por qué sus ojos, los de Paula, ahora son blancos y ya no podré verme reflejado mas en ellos tras haber sido devorado su azul por el ácido arrojado por quien creyó ser su amo. Díme que no permitirás que ya nadie borre la pizarra en la que pinté en azul una sonrisa, díme que no dejarás que el negro todo lo cubra.